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1-06-2004
Nuestra sociedad discrimina al trabajador
por Fabian Bergenfeld
Mucho se ha hablado en el mundo sobre la persecución
religiosa o racial.
También se reconoce como flagelo universal a
la caza de brujas, que padecen quienes expresan
sus ideas en disenso con gobiernos que se autodenominan
democráticos.
En nuestro país, y a juzgar por hechos recientes,
existe una saludable tendencia a combatir a quien discrimina
invocando las raíces ajenas.
Pero por el contrario, evidenciamos en estos días
un marcado retroceso en el ejercicio de la libertad
de expresión, a través del silencio que
imponen a la mayoría de los medios de prensa
los aportes e intereses de las grandes corporaciones
y del propio Gobierno.
Ello deriva en el enmascaramiento de la verdad, que
conspira contra el crecimiento de nuestra Nación.
Una de esas realidades poco difundidas, que provoca
el desvelo y escepticismo de millones de argentinos
desde hace muchos años, es justamente un nuevo
modo de discriminación: EL QUE SUFRE EL TRABAJADOR.
Así, tras el aumento desenfrenado de la desocupación,
producto del incesante cierre de fábricas que
se sucede desde hace casi tres décadas, se castiga
al que pretende sobrevivir y crecer a largo plazo con
el fruto de su esfuerzo, y, por el contrario, se premia
a quien desde la clase más poderosa es
co-responsable de nuestros males.
La prueba más contundente de ello, es que en
pocas horas se cumplirá medio lustro del comienzo
de un ciclo que, con el tiempo, seguramente será
recordado como el de los grandes despojos. Serán
dos años y medio desde la instauración
del corralito financiero, utilizado como
plataforma para la concreción de la mayor estafa
de la era moderna: la pesificación de los
depósitos bancarios. Habrán transcurrido
treinta meses desde que el Poder Ejecutivo comenzó
a dictar decretos de espaldas a la Constitución
y a los miles de fallos dictados por Tribunales de todo
el país, con la reprochable ambición de
torcer el brazo de la Justicia y de aniquilar el principio
de División de Poderes, mediante
la conformación de una Corte adicta a la cual
parece encaminarse mediante juicios políticos
discriminatorios, ilegítimos e infundados.
Hoy existen cientos de trabajadores muertos en esta
guerra por el reconocimiento de sus derechos, y millares
que están enfermos y que aún dependen
de fallos que se demoran u obstaculizan por la acción
del Gobierno.
Pero es la sociedad toda la que está herida en
su credibilidad y su confianza.
Así es como la violación sistemática
al derecho de propiedad ha engendrado otros males que
nos afectan a todos, como lo son los secuestros express
que toman por víctimas a quienes confían
más en sus colchones que en los bancos, agravándose
así la ola de inseguridad.
Y ello deriva también en la reticencia a invertir,
y a generar el crédito indispensable para generar
fuentes de trabajo, que permitiría disminuir
los niveles de desempleo.
Pero la discriminación contra el trabajador allí
no termina, pues se lo estigmatiza descalificando sus
ahorros con la denominación de fondos buitres,
para justificar una apresurada y desmesurada licuación
del capital prestado al Estado a través de la
compra de los bonos por él emitidos.
Y que decir de quien trabaja afiliado a una A.F.J.P.,
de quien se aprovechan por el aparente desinterés
que evidencia ante la lejanía de su jubilación,
reinvirtiéndole una y otra vez en forma compulsiva
sus aportes en bonos a los que les asignan un valor
residual. . .
De ese modo repudiable, han sido discriminados Tres
millones de trabajadores argentinos y sus familias,
que depositaron en publicitados bancos sus patrimonios
o sus modestos salarios. . .
Quinientos mil trabajadores argentinos y sus familias,
que adquirieron títulos de la deuda pública
de su propio país. . .
Nueve millones de argentinos y sus familias, afiliados
al sistema de capitalización de AFJP y que depositan
sus aportes mes a mes. . .
Es entonces que, mientras a quienes integran casi toda
nuestra población activa se le confiscan sus
patrimonios, sus salarios, sus ahorros o sus aportes,
existen otros que jamás se ven perjudicados,
aunque sean total o parcialmente responsables de nuestros
fracasos.
Es así como el Fondo Monetario Internacional
continúa guiando nuestros destinos, exigiendo
la apresurada concreción y consolidación
de los despojos, mientras se le paga puntualmente intereses
con nuestras reservas. . .
Y los Bancos son y continuarán siendo compensados
con el esfuerzo de todos los argentinos, por la pesificación
asimétrica que ellos mismos pergeñaron
fraudulentamente junto al Estado y las denominadas grandes
empresas. . .
Y éstas continúan manejando a los mercados
y a la opinión pública, aliviadas por
la pesificación de sus deudas que misteriosamente
han logrado. . .
La conclusión deviene inevitable: en nuestro
país se ha definitivamente institucionalizado
la discriminación al que trabaja, completando
la obra macabra construida sobre la base de la cuasi-impunidad
de la que gozan los corruptos, representados principalmente
por políticos que han hecho de la función
pública su exclusivo medio de vida, en detrimento
del interés general.
Para enfrentar el desafío de cambiar esta historia,
se han creado diferentes organizaciones no gubernamentales
(O.N.G.s), formadas por quienes cuentan con medios de
vida propios, ajenos a la política, y que pretenden
modificar aspectos de la realidad como los que he descripto.
La Asociación Civil de Defensa Ciudadana, que
tengo el honor de presidir, es una O.N.G. creada principalmente
por quienes han sido víctimas del avasallamiento
al derecho de propiedad.
Recientemente y mientras también desarrolla proyectos
en las áreas sociales y de seguridad, hemos conformado
un Foro juntamente con otras organizaciones análogas,
- como lo son la Asociación de Damnificados
por la Pesificación y el Default(ADAPD)
y Fundación Bicentenario-, Foro que
cuenta con el apoyo de algunos políticos consustanciados
con nuestras premisas, entre los que se destaca Nito
Artaza.
Es con el desarrollo de un plan de acción inmediato,
que comprende la imprescindible tarea de concientización
de la opinión pública, que continuaremos
con la defensa de las instituciones de la Nación
y de los derechos de raigambre constitucional, impulsados
por la firme convicción de que el freno a la
decadencia y al fracaso debe activarse desde nuestro
propio esfuerzo, inspirado en el de quienes resisten
los embates de la discriminación.
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