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10-05-2004
UNA CRISIS PREVISIBLE
* por Hector Huici
Finalmente, la tan temible crisis energética
se hizo presente. Un crecimiento mayor al esperado de
la economía y un año más seco de
la habitual hicieron que la crisis de abastecimiento
energética se adelantara. ¿Era ello absolutamente
imprevisible? Sin duda que no.
¿Es este gobierno responsable de la crisis? No.
La génesis de la misma se ubica en la devaluación
del 2002 (inclusive antes en algunos casos) y la pesificación
asimétrica de los precios de la energía,
el incumplimiento de los contratos y el desconocimiento
de los marcos regulatorios que, es bueno señalarlo,
preveían mecanismos para afrontar crisis como
la que tuvo que soportar el país a fines de 2001
y principios de 2002.
Sí le cabe al Gobierno la responsabilidad de
haber ignorado lo que previsiblemente iba a ocurrir
de mantenerse el rumbo seguido hasta mayo del año
pasado. También por el hecho de haber negado
reiteradamente el problema en ciernes.
Nociones básicas de análisis económico
permitían predecir que, de mantenerse el rumbo
adoptado a partir de enero de 2002, esta crisis habría
de producirse inexorablemente. En todo caso la incógnita
era saber en qué momento se produciría.
En efecto, decisiones de política económica
pueden producir la abundancia de un producto o su escasez.
Así, si se quiere producir abundancia bastará
con fijar un precio sostén superior al de mercado
y rápidamente éste se inundará
del producto en cuestión. Por el contrario, si
lo que se busca es la escasez bastará con fijar
un precio máximo por debajo del precio de mercado
y rápidamente tenderá a desaparecer el
producto en cuestión. La política tributaria
puede cumplir también la misma función.
De esta manera si quisiéramos terminar con los
cultivos de soja bastaría con, por ejemplo, fijarle
una retención a la exportación del producto
del orden del 60 o 70% y en pocas temporadas la soja
pasaría a ser un producto del pasado del campo
argentino.
Esto no es ni más ni menos que lo que ha acontecido
con el gas.
En efecto, luego de la devaluación de enero de
2002 y de la pesificación de los contratos de
servicios públicos, para poder mantener congelado
el precio de la electricidad y de la distribución
de gas al usuario final, hubo también que aplicar
esas restricciones a los productores de gas y a los
generadores de electricidad, actividades que hasta ese
momento eran regidas por la ley de oferta y demanda.
Ello trajo como consecuencia que un producto que ya
era barato fuera tres veces más barato de lo
que era entonces. Paralelamente, resultó también
mucho más rentable exportar la electricidad y
el gas que venderlo en el mercado interno. Cualquier
agente económico responde a estímulos
racionales y sin duda que cualquiera de nosotros en
su actividad prefiere vender un producto o servicio
a quien se lo paga tres veces más que otro.
La exportación en dólares y a precios
de mercado de energía eléctrica y gas
lejos de significar un perjuicio para la Argentina le
ha reportado beneficios porque ha hecho que el deterioro
de nuestros servicios sea menor que el que hubiera ocurrido
de no existir estas exportaciones dolarizadas. Ha permitido
además el ingreso de divisas y de recursos al
Fisco a través de las retenciones y de otros
impuestos.
Pretender analizar y explicar la crisis energética
al margen de los precios concretos de los productos
en cuestión es un acto de irracionalidad. Ante
la emergencia el Gobierno no ha escapado a la tentación
de echar culpas a otros y, lo que es más grave,
confundir a la opinión pública con explicaciones
absolutamente erradas que, además de erradas,
en el caso del conflicto con la vecina República
de Chile son hasta ofensivas.
Efectivamente, respecto de esta última cuestión
se señaló inicialmente que la Argentina
estaba cumpliendo con todas las normas de derecho interno
y los tratados internacionales firmados con este país;
luego se admitió que no se cumple con el tratado;
y finalmente que el tratado, en todo caso, no puede
prevalecer sobre las normas de derecho interno, tema
en el cual la Corte ha tenido sucesivos pronunciamientos
en sentido contrario y así se entiende en el
derecho internacional. Esta última tesitura si
bien efectista en el mercado interno, pone en serio
riesgo cualquier proceso serio de integración
económica que pretenda realizar la Argentina,
sea con Chile o con cualquier otra nación de
Latinoamérica o del mundo. La Convención
sobre el Derecho de los Tratados de Viena es clara en
cuanto a que las naciones no pueden oponer normas de
su derecho interno para desconocer lo firmado en un
tratado.
Cabe aclarar, también respecto de esta cuestión,
que ninguna norma de derecho interno permite suspender
o revocar autorizaciones de exportación por problemas
de abastecimiento en el mercado interno y que toda referencia
a una obligación de abastecer este mercado está
condicionada a la existencia de precios de mercado justos
y razonables. No eran éstos sin duda los precios
pesificados y congelados vigentes desde enero de 2002,
ya que de lo contrario no se entendería que el
Gobierno hubiera hablado de readecuar o readaptar el
marco de precios del gas a partir de mayo del presente
año con aumentos que lo van a llevar a recuperar
valores cercanos al 80% de los existentes en dólares
en aquella fecha hacia julio del año 2005 (acuerdo
de precios homologado por Resolución del Ministerio
de Planificación Federal 208/04).
Atemorizado por el efecto que las medidas que se deben
adoptar pueda tener en las encuestas, el Gobierno marcha
detrás de los acontecimientos. Los serios perjuicios
ideológicos impiden además analizar con
serenidad el adecuado funcionamiento que demostraron
los marcos regulatorios del gas y de la electricidad
durante la década del 90 (perfectibles
por cierto) y que permitieron solucionar problemas crónicos
de abastecimiento y darle a la Argentina energía
suficiente y a precios competitivos y convertir a un
país con problemas de abastecimiento en un exportador
neto de energía.
Cuanto más tiempo se tarde en tomar las decisiones
adecuadas que, consisten en básicamente volver
en un plazo razonable al esquema de las leyes 24.065
y 24.076, más graves serán las consecuencias.
Resulta paradójico que la Argentina esté
dispuesta a pagar electricidad y gas a Brasil y Bolivia
a precios inclusive más caros que los que pagaría
por ese mismo producto en nuestro país si se
respetaran las normas vigentes hasta enero del año
2002.
* Abogado, dirigente centrista y miembro de la Fundación
Bicentenario
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