COLUMNISTAS
 
 
 
Juan Curutchet

Abogado UBA (1989)

Ex Presidente del Centro de Estudiantes de Derecho.
Ex Secretario General de la FUBA (1987/89).
Master en Derecho, New York University (1992).
Abogado matriculado en el estado de Nueva York (1992).
Director del Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires (2003/05).
Presidente de la Fundación Bicentenario.
 
 

01-agosto-2004
Luego del Huracán Blumberg
por Juan Curutchet

A 3 meses de la dramática y vertiginosa irrupción de Juan Carlos Blumberg en la escena nacional corresponde hacer un balance sobre el impacto que el ingeniero textil ha tenido en la política argentina.

El Ing. Blumberg nos legó un aumento de las penas para robos, secuestros y homicidios y un endurecimiento del régimen de excarcelaciones, que el Congreso aprobó con inusual velocidad. Veremos en las próximas semanas si la naciente Fundación Cruzada Axel por la Seguridad produce nuevos aportes para un problema tan complejo como la crisis de inseguridad. Entre las iniciativas pendientes, se encuentra un desafío ambicioso: el aggiornamiento de la Justicia, ámbito refractario como pocos a los cambios bruscos.

Pero lamento desilusionar al lector al proclamar mi escepticismo ante las reformas legislativas que se están proponiendo, tanto las que alienta Blumberg, como las que postulan el Gobierno u otros sectores políticos; porque el problema no radica tanto en nuestras leyes, sino en que ellas no se cumplen.

Y las normas no se acatan porque no existe consenso social en aplicar las leyes en serio. Porque para nuestros gobernantes orden equivale a represión; y en la opinión del progresismo la represión estatal es siempre ilegítima, arbitraria y sesgada en contra de los débiles.

Esta falta de convicción se traduce en las cifras patéticas que Argentina tiene en la persecución del crimen: menos del 1% de los delitos terminan en condena. Por ello, endurecer las penas al pequeño lote de infelices que terminará sancionado, no cambia en nada la impunidad rampante del 99% de los casos restantes. Esta ineficacia extrema se debe, por supuesto, a un sinnúmero de factores: desidia, presupuesto insuficiente, baja capacitación, mala coordinación, falta de determinación de jueces, fiscales y gobernantes, corrupción de las fuerzas de seguridad.

Y es en el día a día, en nuestras calles desprotegidas, donde no vemos motivos para esperar cambios inmediatos. ¿Cuántos nuevos patrulleros se compraron? ¿Cuánto falta para que se estrene la nueva policía bonaerense? ¿Cuáles son los nuevos recursos destinados a la Justicia? ¿Cuáles son las mejoras en la prevención? La retórica y los discursos han sido mucho más abundantes que las realizaciones concretas.

Por ello sostengo que hasta ahora los efectos más trascendentes de la cruzada Blumbergiana no han sido en el terreno de la seguridad pública, sino en la arena política pura.

El asesinato de Axel se produjo la misma semana del penoso acto del Presidente en la ESMA, evento cúlmine del revival setentista, que provocó una herida profunda en la relación del santacruceño con el peronismo. Mientras la gente, conmovida, se identificaba con la terrible pérdida del matrimonio Blumberg, el Presidente aparecía vitoreado por ex guerrilleros, y banderas del Che Guevara y Montoneros reemplazaban las insignias nacionales. Como nunca, Kirchner apareció en la vereda contraria al reclamo de la sociedad.

En este contexto las dos grandes movilizaciones populares convocadas por Blumberg marcaron un punto de inflexión en la relación del Gobierno de Néstor Kirchner con la gente. Desde abril empezó a ser admisible la crítica dura al Gobierno Nacional. Fue el fin de la luna de miel.

Paradójicamente el Ing. Blumberg se cuidó de agredir al Presidente Kirchner y trabó una relación constructiva con el Ministerio de Justicia. Pero el daño ya estaba hecho, aunque el ingeniero se haya mostrado entusiasmado luego de su última visita a la Casa Rosada.

De rápido olfato, todo el arco político advirtió la rotura del hechizo. Y entonces Lilita Carrió aumentó la virulencia de sus ataques, López Murphy recordó su rol opositor, Mauricio Macri volvió a escena, Carlos Menem alertó sobre la duración del Gobierno; y lo que es más importante, el duhaldismo, Congreso Justicialista mediante, hizo públicas sus diferencias con el estilo y las políticas de su delfín.

Al mismo tiempo, las distintas expresiones piqueteras redoblaron sus agresiones a los sectores medios, causando un nuevo daño de imagen al Gobierno que los prohija.

Es probable que en los próximos días Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner pacten una tregua y disminuya la sensación de zozobra. Pero ya nada será igual. Hay una nueva demanda social instalada.

Y mientras la gente exige el respeto de la vida y la propiedad, el accionar presidencial se circunscribe a purgas mensuales de policías. El gobierno nacional, en consonancia con la posición de las izquierdas latinoamericanas, parece considerar a la delincuencia común un aliado estratégico en la lucha contra su más importante y trascendente enemigo: el modelo neoliberal. ¿La consecuencia? Los millones de argentinos decentes que estudiamos o trabajamos todos los días no merecemos las garantías del Estado. Los recursos están disponibles para estatizar ferrocarriles, financiar piqueteros o volver al despilfarro petrolero, pero no para erradicar el crimen.

Por ello, a pesar de la reactivación económica, el descenso del desempleo, el aumento del comercio exterior, el Presidente está golpeado. Porque todos sabemos que si nuestra vida no vale nada, carece de sentido celebrar índices macroeconómicos. Porque si nos matan a un hijo, qué importa si el país creció al 8%.

Pero lo de Blumberg vale, porque no hay cambio en las políticas públicas si no se instala primero como demanda de la comunidad. Este padre sufriente ha sido el inspirador de nuestros mejores sueños. Nos ha sacudido la modorra y nos ha dicho en la cara que no podemos resignarnos a perder todos los días jalones de nuestra libertad. Ha impulsado a millones de argentinos de las más diversas condiciones a manifestarse, en concordia y sin estridencias, por lo más básico: el derecho a vivir en paz entre nosotros.

El Ing. Blumberg, en su inmenso dolor, nos ha marcado un camino. Ahora depende de todos nosotros que nos convenzamos que ningún país crece, que ningún pueblo se realiza, si se desprecia la ley y el orden.