COLUMNISTAS
 
 
  Jose Luis Fernandez Valoni

Nacido el 15 de marzo de 1942 en Laprida, Pcia de Buenos Aires.
Casado con Graciela Cosso-Reig. Dos hijos.
Abogado de la Universidad de Buenos Aires y Profesor Universitario.
Pasó por las filas del Ejército, del que se retiró muy joven. Fue Oficial Instructor del Colegio Militar de la Nación (1966/69).
Diputado de la Nación por la Juventud del Frente Justicialista de Liberación (FREJULI)- Fue elegido Presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores y Culto (1973/1976).Congresal de Distrito y Congresal Nacional del Partido Justicialista de la Provincia de Buenos Aires (1982/1989).
Coordinador de Relaciones Internacionales y Defensa de los Equipos Federales de Planificación Justicialista (1985/1989).
Se desempeñó como Subsecretario de Relaciones Latinoamericanas del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto de la Nación actuando en distintos encuentros del Mercosur, Grupo de Río y Cumbres Iberoamericanas (1989/1990).
Designado Secretario Técnico-Administrativo de la Cancillería tuvo a su cargo la reestructuración y racionalización administrativa del Ministerio durante el proceso de Reforma del Estado (1991).
Embajador Argentino en Ecuador (1992/1995). Desplegó una intensa gestión en las actividades que llevaron a la pacificación de la frontera entre Ecuador y Perú durante el conflicto de la Cordillera del Cóndor. Ha sido condecorado por los Gobiernos de Brasil y Ecuador con las órdenes de Río Branco y San Lorenzo,respectivamente ambas en el grado de Gran Cruz.
En 1996 se desempeñó como Subsecretario de Relaciones Instituciona-les del Ministerio de Economía y Obras y Servicios Públicos.
1997. Es miembro fundador del Partido Acción por la República y Vicepresidente 1ro Nacional y Secretario General en la Pcia. Bs As.
Primer candidato del Partido Acción por la República, es elegido Diputado Nacional por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (1999/2003) y Presidente del Partido en la Capital Federal.
2000/2003, es Presidente de la Comisión Bicameral de la Ciudad de Buenos Aires, Vicepresidente de Seguridad Interior, Secretario de Defensa y Relaciones Exteriores. Integra Asuntos Constitucionales.
2002. Funda la Agrupación Política Acción Popular.
2004. En la actualidad es Presidente del CIAP (Centro de Investigaciones de Acción Popular).-
 
 

1-06-2004

INSEGURIDAD Y DECADENCIA
por José Luis Fernandez Valoni


La Argentina es una sociedad desorganizada. No es porque le falten normas que regulen su vida colectiva, ni porque carezca de valores reconocidos por el conjunto.
Nuestro pueblo es heredero de virtudes y condiciones excelsas y el país esta enclavado en una geografía magnífica.
Sin embargo una sensación de infelicidad nacional parece avanzar en franco predominio, más allá de satisfacciones circunstanciales de grupos, sectores o individuos.
Es en ese marco que la inseguridad pública ofrece una panorama sobrecogedor que se suma a las desventuras del trabajo y la producción, más las angustias por el futuro.
No nos faltan éxitos notables en el ámbito científico, cultural o deportivo, pero fuerza es asumir que los ejemplos escasean cada vez más, y los números de la estadística, no pueden sino registrar nuestra sistemática decadencia.
La toma de conciencia de gran parte de la sociedad acerca de la relación de la inseguridad con la política , y de la necesidad de movilizarse y participar para lograr algún cambio en ese sentido, puede asociarse con la irrupción de vastos sectores populares en el escenario público en circunstancias de generarse la crisis política y financiera del 2001, pero todo ello parece insuficiente para volver a empezar.
Hoy tenemos nueve millones de indigentes, de los cuales cuatro son menores de 14 años, provincias con más del veinte por mil de mortalidad infantil y bolsones de desnutrición y hambre imperdonables, así como una ignorancia espeluznante en sectores generacionales que recibirán el comando del país en las próximas décadas.
Hace cincuenta años la Argentina tenía un Producto Bruto Interno algo inferior al de Brasil y un poco mayor al de México y hoy, además de ser titular del default más grande e inesperado de la historia mundial, muestra una economía de subsistencia carente de atractivos y singularidades de vanguardia, ampliamente superada por sus competidores
históricos.
La espantosa sensación de inseguridad pública y completa desprotección que sufren ricos y pobres, nacionales y turistas, empleados y patrones, trabajadores y desocupados, es sólo uno de los más terribles e insoportables síntomas de esa decadencia.
Por ello es que las medidas que se van tomando para atacar los problemas sobrevinientes a los distintos hechos protagonizados por las formas más crueles de la violencia y el delito en la argentina, sólo forman parte hasta aquí de un tratamiento sintomático, para una sociedad enferma.
Pero la enfermedad continuará allí. La ausencia de un orden social justo, la falta del cumplimiento de la ley, el espectáculo del estímulo a la transgresión, el abandono de los elementos esenciales de la propia identidad, la falta de continuidad en el esfuerzo para conseguir objetivos complejos y de reclamo común, sumados al aventurerismo político, la degradación cultural y la claudicación de las élites, probablemente harán inútiles o al menos limitarán sustancialmente, los efectos de los cambios impulsados para garantizar la seguridad pública.
Políticas de Estado, es lo que se repite machaconamente en todos los ámbitos del gobierno y piden con insistencia los analistas y gran parte de la oposición, pero no habrá polìticas de estado en economía, educación, salud, previsión social, seguridad, defensa o relaciones internacionales, que no sean asumiendo la esencia de la cuestión nacional.

El problema es polìtico y no tendrá solución, si no le damos una solución nacional. Para ello hace falta reabrir el diálogo y formular una amplia convocatoria a un encuentro por la autocrítica, la transparencia y la reconciliación, que nos permita reorganizar la sociedad argentina de acuerdo a los desafíos del mundo global, afirmando nuestra identidad, garantizando la inclusión social, con producción trabajo y equidad, para llevar a cabo las reformas de segunda generación que quedaron pendientes desde la recuperación de la democracia.
Pasado un año del gobierno instalado por la voluntad popular, debe irse ahora más allá de la pura gestión eficaz y la imagen positiva en la opinión pública. Aún concediendo que esto es así, un pueblo escarnecido, un país aislado y un estado quebrado necesitan de todos sus recursos materiales, intelectuales y espirituales para salir de la crisis.-