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07-05-2004
La industria del secuestro en Colombia
por el Centro de Estudios para la Convergencia Ciudadana
Colombia vive, desde hace 40 años en guerra
civil. Pero las reivindicaciones ideológicas
por las que surgieron los grupos guerrilleros quedaron
atrás. En la actualidad, la gran motivación
es el dinero que genera el accionar clandestino.
Hoy, el secuestro y la extorsión, constituyen
la segunda fuente de financiamiento de estos grupos.
Para la última década su monto fue estimado
en 1.500 millones de dólares. La industria de
la droga ocupa el primer lugar, generando un movimiento
de divisas calculado en 600 millones de dólares
por año. Estas sumas de dinero se destinan a
la compra de armamentos, la contratación de asesoría
técnica en terrorismo y se depositan en cuentas
bancarias en el exterior, a través de estrategias
de lavado de capitales. Se estima que la guerrilla es
la responsable de la tercera parte de estos ilícitos,
siendo notorio el accionar de delincuentes comunes que
secuestran y venden su presa al mejor postor.
En parte, las víctimas de este accionar son extranjeros,
tanto turistas como residentes contratados por empresas
multinacionales. Las negociaciones con las representaciones
diplomáticas son cada vez más breves y
lucrativas, puesto que la vida de un compatriota está
en juego. Asimismo, los colombianos que tienen altos
cargos en empresas constituyen un blanco elegido.
De esta situación emergen las empresas de seguros
de secuestros y de manejo de crisis. Actualmente existen
tres y son de capitales extranjeros. Las primas aplicables
son las más elevadas del mercado. Por una familia
de cinco miembros se obtiene una póliza de secuestro
por un monto que oscila entre los 18.000 y 30.000 dólares
anuales y cubre un rescate de hasta 1 millón
de dólares. En el mismo rubro, las empresas de
manejo de crisis cobran entre 1.000 y 2.000 dólares
diarios por gestión, que puede implicar entre
45 días y tres meses. Un verdadero negocio.
En la década pasada, entre 45 y 80 extranjeros,
turistas y trabajadores, fueron secuestrados por año.
Este número engrosa la cifra de 3.000 secuestros
cometidos en promedio durante estos últimos tres
años. Si bien fuentes oficiales aducen que esta
cifra ha disminuido en un 45%,durante el 2003, las cifras
no gozan de credibilidad. Muchos hechos no se denuncian.
Viéndolo de esta forma, los extranjeros secuestrados
no representan importancia numérica. Lo notable
es que, por cada extranjero, se obtiene un rescate siete
veces mayor al de un ciudadano nativo.
Si bien se registra una disminución en el número
de personas secuestradas (de secuestros masivos se pasa
a una metodología de mayor selección de
las víctimas), el monto destinado a rescates
y pólizas de seguros no disminuye. Se ha conformado
una Red de Cooperantes, integrada por un millón
de personas que ayudan al esclarecimiento de los secuestros,
pero ello no ha sido suficiente para detener la escalada
delictiva.
Frente a esta realidad hay quienes defienden como única
alternativa viable cortar la cadena productiva del secuestro
negando el pago del rescate. En Europa la ONG Pax Christi,
de Holanda, trabaja desde 1988 por la defensa de los
derechos humanos en América Latina y lidera una
campaña internacional contra el secuestro. La
organización impulsa la opción de no pago,
que considera al mismo tiempo viable y radical. Lo que
parece fácil de explicar es, en realidad, una
tarea ardua y compleja. La misma implica buscar medios
de presión para que el secuestro sea considerado
como delito de lesa humanidad y se condene mediante
las vías internacionales hoy existentes. Una
pregunta que queda formulada y es clave para Pax Christi
es por qué Europa alimenta, con el pago de secuestro
y extorsión, la violencia que desangra a ese
país?
El No Pago: Fin de una Industria
Una legislación acorde al conflicto se torna
crucial para reglar el funcionamiento de un país
y coordinar sus instituciones. El Estado colombiano
como tal no es un factor de peso. Se evidencia la incapacidad
de sus instituciones para ponerle fin a esta guerra
civil y poder tener el monopolio de la violencia legítima
en cada rincón del territorio.
La Ley 40 de 1993 condenó el pago en concepto
de secuestros y extorsión. En 1996, la Ley 282
prohibió la venta de pólizas de seguros
de secuestros. Ahora bien, ni estas medidas ni las que
promoviera el ex Presidente Pastrana, en 1999, dieron
los resultados esperados.
Frente al marco descripto, una luz de esperanza se vislumbra
en el trabajo que realiza el actual presidente Alvaro
Uribe, quien manifiesta una férrea voluntad en
pro de reanudar el proceso de paz, mediante el inicio
de negociaciones con los grupos insurrectos. Aunque
no se han logrado hasta ahora resultados positivos,
el conflicto no recrudeció. En diciembre de 2003
se logró un avance en la legislación,
al conseguir la aprobación del Estatuto Antiterrorista.
El mismo otorga al titular del ejecutivo facultades
extraordinarias para la lucha antiterrorista.
Para un Estado maniatado, que no consigue ganar la contienda,
la única opción para el juzgamiento de
los crímenes cometidos en su territorio es la
vía internacional. Colombia ha ratificado el
Estatuto de Roma, en dicho instrumento, los secuestros,
adquieren la figura de toma de rehenes y
son considerados crímenes de lesa humanidad.
Por lo tanto, son susceptibles de ser juzgados por el
tribunal internacional..
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