01-06-2004
Un intento de entender la crisis de representatividad
**por Patricia Bullrich
El discurso político se construyó
como el lugar de las ideas y de la palabra. Era la herramienta
más potente para provocar la adhesión,
para construir la legitimidad. El discurso era la síntesis
de una convicción de una sociedad que se construía
como un porvenir de promesas. El liberalismo, el socialismo
cada uno edificaba una sociedad que de ser alcanzada
encontraría un progreso intermitente, la felicidad.
Así lo pensaban Hegel y Marx, Rousseau y Tocqueville.
Había un orden social que Durkheim describía.
Este orden se construía en torno a una pirámide.
El Estado, la Nación, la sociedad civil, el mercado.
Un todo orgánico que funcionaba.
De golpe ese orden social comienza a sacudirse. La sociedad
pierde la consistencia que conocimos y todo nuestro
edificio tambalea.
Marshall Berman lo define magistralmente: Todo lo sólido
se desvanece en el aire. Nada llega a osificarse, antes
se deshace como el hielo en el calor.
En este desintegrarse la sociedad pierde sus ejes ordenadores:
el trabajo, la familia desde la vida social y el estado
y la política desde el orden social.
Así nos encontramos buscando estructuras donde
no las hay. Estamos frente a un fenómeno de desestructuración.
La desestructuración se expresa en las contracaras
que atravesamos. Vamos del orden al desorden y de la
explotación a la exclusión.
En realidad ya deberíamos preguntarnos si es
válido el concepto de exclusión porque
refiere a algo que está afuera de un orden. ¿Y
la pregunta es cuál es el orden? La exclusión
respecto a qué parámetro. ¿Cuándo
lo que está afuera es decir lo que está
excluído supera lo que está adentro la
pregunta obligada es cuál es entonces el sistema?
¿Hay sistema?
Desestructurado el orden social, desestructurado el
yo, el yo ingeniero, el yo obrero metalúrgico,
este lugar de reconocimiento está
vertebrado por la división del trabajo.
Claro como siempre que existen fenómenos que
no sabemos explicar, que no podemos todavía entender,
los nombramos como post o como neo. Post modernismo,
neo liberalismo, post industrialismo, post fordismo.
Es que hemos conservado estructuras de representación
de una sociedad que ya no existe. ¿Qué
orden representa hoy la política?
¿Qué sector social representa hoy la política?
Son preguntas que no podemos contestar.
Los partidos representaban verticalmente a sectores
sociales. La política expresaba totalidades.
El partido de la clase obrera o el de la burguesía.
Hoy los partidos no representan más que a su
propio interés. Han dejado de ser una intermediación,
para convertirse en un sector más que defiende
con uñas y dientes los privilegios que puede
conservar. No conduce, no prevé, no planifica.
Solo atina a responder tardíamente a las crisis
y en un círculo vicioso profundiza diariamente
su decadencia.
Los partidos como expresiones de ideas, de aspiraciones
han desaparecido. Las acciones que realizan los partidos
políticos están liberadas de su concepto,
de su esencia y de su referencia social. Pero siguen
funcionando aún cuando su idea lleva mucho tiempo
de desaparecida.
Como dice Jean Baudrillard "Una cosa que pierde
su idea es como el hombre que ha perdido su sombra:
cae en un delirio en el que se pierde."
Así la representación política
ya no sabe que representar.
Porque el desafío es animarse a definir paradigmas
hacia el futuro. Porque no se puede vivir sin ideas
generales, que conciernan a la naturaleza de sociedad
que construiremos hacia el futuro. Por eso las ideologías
que nacieron y murieron en el siglo 19 y 20 ya no serán.
Hay que animarse a pensar la sociedad en la que queremos
vivir arrollados por nuevos lugares. La plaza pública,
el mitin, el parlamento están desplazados.
Hoy las gestas ya no existen. El cruce de los Andes
sería un flash del noticiero de las 7. La representación
presuponía una cierta distancia, no era una relación
cotidiana. Ahora desayunas con el líder, almorzar
con Mirta y el líder y a la tarde le hacés
zapping. No hay sorpresa, no hay fascinación.
Es como el deseo para Freud.
Esta crisis de representación se agrava en nuestra
sociedad colonizada por intereses corporativos. Porque
se crea una superestructura paralela que trabaja exclusivamente
para su propio beneficio.
Vivimos un fraude intrínseco por la tergiversación
de la representatividad. Porque no puede la gobernabilidad
no estar en crisis si partimos de la fragmentación
y desorganización de la representación.
Esto nos lleva a quienes buscamos una auténtica
representación a trabajar mas allá de
las palabras en la construcción de espacios y
redes que construyan consensos y articulen demandas
sociales en contraposición a la lógica
del partido único. Con diversidad, horizontalidad
y acuerdos en torno a políticas, podemos empezar
a respondernos tantas preguntas.
** La autora es Presidenta de Unión por Todos.
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