por Santiago Kovadloff
El control estatal del papel de diarios subordina la ley al poder absoluto
Una vez más la Constitución ha sido burlada. Quienes deberían resguardarla antes que nadie le han vuelto la espalda sin pudor. El oficialismo prueba, con su conducta transgresora, que para sus voceros la ley está supeditada a lo que el poder absoluto exige. Esta brutal antinomia entre política y Constitución puede ser enmascarada, pero no por eso resulta menos letal para la República.
Guillermo Moreno, ese funcionario a salvo de toda mesura, expresa proverbialmente una concepción del poder que haría las delicias del rey Herodes y que, en su ausencia, satisface las aspiraciones principescas de otros mandatarios no menos sedientos de espejos que multipliquen su imagen. La omnipotencia vivida como derecho no conoce otro procedimiento para imponerse que el atropello, ni otro lenguaje para darse a conocer que el de la camorra y el chantaje. Lo más grave, sin embargo, no es que ese infante de marina de los años 50 sea como es y proceda como lo hace. Lo más grave es que el Gobierno encuentre en su figura el emblema de su gestión nacional y popular.
La decisión de poner en los puños del secretario de Comercio todo lo relativo al cumplimiento de la denominada ley de Papel Prensa -por no hablar de otros dominios de los que también se ha enseñoreado- es una elocuente definición de lo que el Gobierno entiende por responsabilidad y eficacia en el desempeño que le compete.
Con el logro de esta tan particular concepción de la libertad expresiva que promueve el Frente para la Victoria no sólo serán afectadas en el acceso al papel las empresas privadas del ramo y ello a favor de un monopolio estatal. Su lamentable incidencia se hará sentir primordialmente sobre la opinión pública. De seguir las cosas como van, muy pronto se la verá subordinada a las imposiciones informativas y analíticas de la realidad que el oficialismo entienda indispensables y excluyentes también en toda la prensa escrita.
La disconformidad con esta conducta sovietizante no implica pretender que el oficialismo prescinda de esa palabra de vocación totalizadora en la que se deleita. Implica recalcar, ante quien quiera oírlo, que ese Frente, procediendo como lo hace, no está dispuesto a admitir otra cosa que lo que él establece. No está dispuesto a admitir como válido el derecho de un amplísimo sector de la sociedad (integrado a su juicio por quienes se agolpan en el círculo dantesco e infernal de las almas reaccionarias, antipopulares y destituyentes) a elegir los medios a través de los cuales desea informarse.
De modo que el veredicto oficial es claro: habrá que asfixiar a la oposición porque la oposición, aun sin partidos que la representen cabalmente, encuentra en la prensa disidente la voz que sí la representa. Esa voz que no es otra que la de los presuntos enemigos del indiscutible sistema democrático en que vivimos. Planteado esto con más delicadeza: habrá papel para quien se avenga a escribir lo que debe. No lo habrá, en cambio, para quien pretenda seguir escribiendo lo que le parezca. "It's your choice", diría el rey Lear.
Para infundir más colorido a esta fiesta de la unanimidad, el Gobierno ha resuelto caratular de terroristas a quienes no acaten sus criterios de verdad o procedan de manera contraria a como él entiende que se debe actuar en el orden público. No hay nada que hacer: la nostalgia entre nosotros no muere y cada tanto el pasado hace sentir su potencia para reinscribirse en el presente. Mejor aún: para devorárselo entero sazonando el plato con algún ingrediente progresista.
¿Qué democracia es ésta en la que vivimos? ¿Qué democracia es ésta si la Constitución Nacional que legitima al Gobierno en el ejercicio de su mandato resulta luego pretextual e inocua para quienes tienen el deber de asegurar su vigencia? ¿Qué democracia es ésta que asienta su despliegue en el desprecio por la diversidad de criterios en el campo de las ideas, en la tergiversación de los índices inflacionarios, en la negación del federalismo, en la inseguridad jurídica, en la tolerancia a la corrupción, en los asesinatos impunes y en la convalidación de un sindicalismo perverso? ¿Qué democracia es ésta que no duda en homologar la indiscutible mayoría de votos que respalda y legitima al partido gobernante con la totalidad de votos emitidos y de los cuales un 46% puso en juego otras opciones que la oficialista en las elecciones de octubre pasado?
Ese pensamiento alternativo tiene derecho a contar, en su frondosa diversidad, con una prensa que lo exprese. ¿Lo tiene? Que nadie se equivoque. El Gobierno estima que no.
Creer como muchos lo hacen que el conflicto generado por el control estatal del papel es un problema que afecta únicamente a la prensa y a quienes de ella y para ella viven puede ser un error fatal para el porvenir de una democracia que no se quiera populista. ¿Cuándo despertarán de su apatía cívica los que sólo parecen reaccionar si cesa el tañido de las monedas en sus bolsillos? La disconformidad no prosperará políticamente si se limita a ser un mohín de disgusto ante lo que pasa o un fugaz estado de ánimo que altera por un segundo el apacible paisaje de las playas y los campos que frecuentamos. O el fruto de una operación contable que arroja un circunstancial saldo negativo. Si las protestas sólo se harán oír cuando las inspiren los pesares económicos de quienes no pasan hambre, bien jaqueado está el porvenir de los valores republicanos.
Varios han sido, en estos últimos meses, los intelectuales europeos que se han manifestado para señalar que la crisis por la que atraviesan las democracias más desarrolladas no es sino consecuencia de la vergonzosa pleitesía que las dirigencias políticas les rinden a los mercados financieros. Supeditada a las imposiciones de esos mercados, la política se vuelve prostibularia. Es mejor que nuestras dirigencias -esas que alzan las banderas de la oposición- no lo olviden. No se trata, obviamente, de dejar el dinero de lado; se trata de no dejarse de lado al reconocer la importancia del dinero. El Gobierno está persuadido de que un significativo sector de la clase media tiene precio. Y las últimas elecciones presidenciales le han probado que algo de razón lo asiste al pensar así. El campo y la industria tendrán que reconsiderar políticamente las consecuencias cívicas de eso que ambos llaman "realismo". Está bien tener los pies en la tierra. Pero la mirada, como propone la insignia latina, debe estar puesta en el horizonte. Sin largo y mediano plazo, no hay política de Estado que tenga porvenir.
Muy pronto se hará oír el estertor de la palabra amordazada. Su mueca de impotencia ha de ser, entonces, la nuestra. El proyecto de coerción sobre la libertad de opinión ya está aprobado. Hemos ingresado en la etapa de los hechos. Y los hechos serán inequívocos. Si no lo advertimos, si no reaccionamos en defensa de la Constitución buscando los caminos que permitan reconstruir una oposición eficaz y cada vez más significativa, el pensamiento uniforme se expandirá de un extremo a otro del país.
Una larga noche caerá entonces sobre la sensibilidad crítica. Y todos nosotros, si no reaccionamos con los recursos que esa Constitución nos brinda y la perseverante tarea que exige la construcción de un frente político suficientemente representativo, terminaremos siendo, por mucho tiempo, seres sólo parecidos a ciudadanos y rigiendo nuestras conductas por principios sólo parecidos a los de la dignidad.
lanacion.com.ar
Peregrinación a Tierra Santa 2011, Egipto. Visita al Monte Sinaí
Por Maria Josefina Ramos
Toda la región es de tierra roja con un mar Rojo calmo y un desierto montañoso en donde con distintos colores azafranados, se refleja el sol del atardecer.
El Monte Sinaí, conocido como Monte de Moisés o Monte Horeb, está situado al sur de la Península del Sinaí al Noreste de Egipto, en Asia, y al norte limita con el mar Mediterráneo, al oeste con el istmo de Suez, al este con la frontera con Israel al noreste con la franja de Gaza y al sur con el mar Rojo y para llegar desde Israel se pasa por la frontera de Taba.
El Monte Sinaí es el lugar donde la Santa Biblia señala que Dios entregó a Moisés los Diez Mandamientos. Al pie del Monte Sinaí, 2285 mts a nivel del mar, se encuentra el Monasterio de Santa Catarina o de la Zarza Ardiente, que es unos de los monasterios más antiguos y se encuentra habitado y tiene su importancia también por su antigua y valiosa biblioteca que guarda la segunda colección más extensa de códices y manuscritos del mundo solo superada por la biblioteca Vaticana.
El Monte Sinaí es el lugar donde la Santa Biblia señala que Dios entregó a Moisés las tablas de la ley (los Diez Mandamientos).
La mayoría de la población son beduinos, si bien existen ciertos núcleos de población, siendo los más importantes la capital El-Arish, situada en la costa mediterránea; Taba, situada al sur, cerca de Eilat y por tanto junto a la frontera con Israel, y Sharm el-Sheij, un importante centro turístico en la costa del mar Rojo.
El Mar Rojo recibe esta denominación entre otras, por su cercanía con las montañas rojas, ricas en minerales de color rubí. (Wikipedia®)
Las fotografías ilustran el Monte Sinaí donde Dios entregó a Moisés los 10 Mandamientos y el Monasterio de Santa Catalina, donde se halla sentado uno de nuestros peregrinos y en las dos penúltimas fotos del composé. Luego, tres fotos ilustran la Zarza, que se halla dentro del Monasterio de Santa Catalina, donde la tradición menciona que Moisés vió la Zarza que ardía sin consumirse y las restantes imágenes fueron tomadas en el atardecer sobre la costa egipcia del mar Rojo. Bellas, no?




Fotografías PlataformaCero®
¿Tarjeta SUBE o SIDE?
El sueño de Orwell se ha hecho realidad en Argentina. Gran Hermano está entre nosotros.
En poco tiempo, quienes quieran viajar en los medios públicos de transporte deberán inexorablemente comprar su tarjeta SUBE.
Para ello deberán concurrir munidos de su DNI a cualquiera de las sucursales de Oca, Andreani o Correo Argentino, donde llenarán un formulario en el que volcaran los siguientes datos de filiación:
Apellido, Nombres, Tipo y Número de DNI, Teléfono, Domicilio con Calle y Número, Partido y Código Postal, y para entrar a la modernidad, también una dirección de correo electrónico.
El SUBE otorgará graciosamente sólo una tarjeta por titular. Un chip de control ciudadano, ni más ni menos.
Para mayor intranquilidad de los habitantes de Buenos Aires, el SUBE integra la Dirección Nacional de Protección de Datos Personales, que a través del Ministerio de Justicia depende del Poder Ejecutivo Nacional.
Para mejor confirmación, su Director se llama Juan Antonio Travieso.
Cualquier similitud entre su apellido y su conducta de funcionario corre por cuenta de ustedes, que tal vez a esta altura ya estén algo más preocupados.
La tarjeta SUBE contiene en su interior un chip que permite registrar una inmensa cantidad de datos, casi de la capacidad de un pequeño Pen Drive de 1 gigabyte.
El gobierno publicita la tarjeta SUBE diciendo que sus poseedores podrán viajar sin efectivo, irán por ello más seguros, y si son asaltados y no los matan, cuando el ladrón los deja y si no los han herido, debe denunciar el robo y el sistema en poco tiempo anula la tarjeta y le provee otra al damnificado. Bueno, eso es lo que ellos dicen.
No está claro qué pasa si el ladrón le carga plata a la tarjeta SUBE robada para seguir viajando sin problemas y casi con su identidad suplantada.
¿Pesará más la seguridad del dueño de la tarjeta o el afán recaudatorio del gobierno?
Hasta aquí, todo iría bien, si estuviéramos en un país normal, donde la Justicia impera, las estadísticas son confiables, los delincuentes pagan por sus delitos, y los ciudadanos transitan tranquilos y libres por todo el territorio nacional.
Pero la realidad es otra, y los lectores a esta altura ya deben saber bien de que se trata.
Esta tarjeta SUBE está diseñada para hacer llegar a más de seis millones de ciudadanos de condición humilde un subsidio directo y personalizado que les permitirá viajar en forma muy económica. Seguramente recibirán la misma los militantes kirchneristas y aquellos a los que por razones clientelares el gobierno quiera seguir cooptando con regalos. Total, quien va a controlar como se distribuyen y con qué criterios se asignan estos subsidios.
La contrapartida de esta nueva perla clientelística, es que TODOS los usuarios de SUBE, dejarán en la gigantesca base de datos que rápidamente se formó, un montón de información privada y que quedará al alcance de los funcionarios del gobierno para lo que ellos estimen sea conveniente políticamente.
La traza indeleble de sus movimientos quedará claramente registrada cada vez que utilicen un medio público de transporte, con nombre y apellido, dirección y una total identificación personal.
Este verdadero atropello a las libertades individuales, solo puede ser entendido en un gobierno que ha mostrado su firme decisión de meterse en la vida de cada ciudadano para controlarlo y mantenerlo sometido en una red compleja de subsidios clientelares a cambio de su voto cada dos años. Y a los que no subsidia, los somete por vía de impuestos de tasa creciente que están ahogando el desarrollo de los emprendedores, las pymes y todo pequeña empresa que quiera desarrollarse en esta Patria.
Para conocimiento de todos, la tarjeta SUBE puede ser leída por lectores de proximidad, de los cuales hay disponibles una gran cantidad y de diferente potencias y capacidades.
Estos lectores pueden hacer una lectura positiva a 10 cm., como pasa en los equipos de los colectivos trenes y subtes.
Pero hay equipos de alta performance que pueden leer estos chips a distancias de hasta 500 metros, dependiendo de la potencia y la tecnología que se utilizan.
Por ejemplo, suponga usted que se convoca a un acto a los militantes K para apoyar con su presencia las medidas del gobierno en cierto lugar de Buenos Aires.
Pues bien, un grupo de vigilantes que disponga de equipos poderosos y portátiles, en un santiamén conocerán la identidad de los que concurrieron al acto, siempre y cuando hayan viajado con su tarjeta SUBE y la lleven encima. Solo se tratará de mandar menos micros y hacer que la gente viaje con el SUBE, que a todos los efectos será para esos militantes comprados, un viaje gratuito.
Y con esta información a mano, podrán abonarles los premios prometidos por su concurrencia, o aplicarles los castigos que les correspondan por su falta de lealtad política.
Y todo esto con la precisión de una base de datos procesada en tiempo real y con resultados altamente confiables. Se imaginan cuanta plata se ahorrarán los famosos punteros con esta herramienta.
Cruzando las bases de datos se conocerá perfectamente adonde viajan aquellos que reciben los planes, y si van a lugares no autorizados, si van o no a los actos, si concurren a prestar tareas (los pocos que lo hacen), y si no cumplen con sus obligaciones clientelísticas, muy posiblemente dejen de percibir los premios. Si la gente viaja sola o con su familia, si lleva a los hijos, si no los lleva, en fin, su vida estará registrada al mejor estilo del Gran Hermano Orwelliano.
Será ahora mucho más sencillo controlar la privacidad de los millones de argentinos que viajan en medios públicos. A los más de trescientos mil teléfonos pinchados del cinturón digital Buenos Aires y a las más de quinientas mil direcciones de correo intervenidas, se le sumará esta información que permitirá geolocalizar los movimientos de toda la gente que utilice medios públicos para viajar.
Se entiende claro que todos aquellos usuarios de SUBE dejarán la traza de sus rutinas diarias en manos de gente que no conocen, y que utilizará esa información para fines de control, como hacían los comisarios políticos en la época de José Stalin, solo que ahora totalmente modernizados, con costo casi cero y además con total impunidad.
Pues bien, cuando use el SUBE para tomar un tren, subte o colectivo, sepa que esto le pasará irremediablemente.
¿Se imaginan con qué facilidad los que manejan a los barras bravas podrán ahora controlar sus movimientos y saber si estuvieron o no en el lugar donde se los convocó para producir desmanes?
¿Cuánto tiempo demorarán los narcos en tener en su poder toda la información de esta gigantesca base de datos y conocer los movimientos de los policías, gendarmes y prefectos que utilicen medios de transporte públicos, y saber cuándo se los puede atacar y neutralizar?
Y qué decir del resto de todos los argentinos.
Será muy fácil cruzar los domicilios con los destinos frecuentes, y así armar planes, como por ejemplo de secuestro y robo.
Todo lo que se le pueda ocurrir a los delincuentes, será posible con esta gran base de datos.
El Gran Hermano estará omnipresente, y lo peor de todo, es que los millones de ciudadanos ni siquiera imaginan que esto está por sucederle, ocupados como están en comprar algunos dólares de sus magros ahorros de clase media, o en el caso de la gente de menores ingresos, muy ocupados tratando de cubrir la canasta alimentaria con sus ingresos, atacados por la inflación que no cesa de achicar el changuito que pueden comprar semanalmente.
Hay dos posibilidades para los que tuvieron la paciencia de leer hasta acá.
A algunos puede parecerles que todo esto es argumento de ficción. A esos lectores les recuerdo que cuando hace cinco años se empezó a decir que el INDEC era una burda mentira, usted pensó lo mismo. Y hoy no hay duda alguna que esto es así.
Y para aquellos a los cuales esta información les parezca confiable, pues bien, a ustedes se les pide que difundan la misma con copia oculta. No vaya a ser que sumen gente a la lista de correos pinchados.
Si no tiene otra alternativa que sacar una tarjeta SUBE, trate de hacerlo sin dar una dirección de correo, o informando una apócrifa. Recuerde que al poner su verdadera dirección de correo, y permitir que alguien le envíe correos que usted valide recibiéndolos, automáticamente les habrá permitido identificar el I.P. de su equipo, y a partir de allí, todo será posible para Gran Hermano. También puede cambiar su cuenta de correo y/o servidor varias veces.
InformadorPublico.com
Si la muerte pisa mi huerto
“La libertad es un lujo que no todos pueden permitirse”.
Otto von Bismark
La libertad en la Argentina aún no ha muerto,
pero se encuentra en terapia intensiva, con pronóstico reservado.
Se están cerrando, sobre la libertad de la Argentina, las mismas tenazas que aplicaron el papagayo caribeño en su Venezuela natal, Correa en Ecuador, Ortega en Nicaragua, los Castro en Cuba y hasta Putin y Medvédev en Rusia.
Lo verdaderamente trágico es que a los argentinos parece no importarles en absoluto esta amenaza, cada vez más concreta, al menos mientras pueden comprar autos, plasmas, vacaciones, fútbol y Tinelli. Masivamente votaron por una democracia degradada Guillermo O’Donnell la llamó “delegativa”- en la cual los derechos ciudadanos se reducen a emitir un voto cada dos años y, en los entreactos, entregar todo el poder a los electos.
por Enrique Guillermo Avogadro
A partir del 10 de diciembre, cuando las mayorías cristi-kirchneristas ocuparon sus bancas en ambas cámaras del Congreso, a las cuales se sumaron en un alegre jolgorio los aliados “progresistas”, el Parlamento argentino ha degradado aún más su papel, cayendo en la más abyecta obsecuencia. Eso le ha permitido actuar como mero colocador de sellos de aprobación, sin fingir siquiera debates, en proyectos de ley que, enviados por el Poder Ejecutivo, cercenan los más básicos derechos humanos de los argentinos.
Resulta válido citar aquí a José Enrique Miguens, ese sociólogo y pensador con mayúsculas, recientemente desaparecido: “Sólo faltaría, para completar el cuadro, autorizarlo a aplicar penas de prisión para consolidar su dominio total. Pero pienso que no lo necesita, porque tiene medios, mediante sus patotas a sueldo en todo el país, para atemorizar a la gente e impedir hablar a sus oponentes”. Porque, desde ayer, según ese infame personaje que preside la UIF, don Sbatella, la ley antiterrorista sancionada la semana pasada lo permitirá.
La nota de Miguens, “Darse Cuenta”, que por su excelencia he mencionado en muchos de mis artículos y que insisto en poner a disposición del lector, si me la pide, es de una claridad meridiana, y utiliza la triste historia del final de la República de Weimar para, en ese momento, predecir el futuro nacional. Doña Cristina y, sobre todo, la anomia de los argentinos, lo han confirmado en el presente.
Ya el Presupuesto 2012, con su sanción, implicó la convalidación de gigantescas falsedades inflación, crecimiento, etc.- que facultarán a la señora Presidente continuar, si las circunstancias exógenas lo permiten, disponiendo a su exclusivo arbitrio de enormes fondos que, como nos han enseñado desde 2003, serán usados para acumular, si cabe, aún más poder y, con certeza, mayor capacidad para disciplinar voluntades.
Por su parte, la extensión de una ya injustificable emergencia económica, que permite tanto el abusivo uso de los decretos de necesidad y urgencia cuanto la facultad al Jefe de Gabinete de reasignar partidas, desnuda la realidad esencial de ese Presupuesto -que, debiéramos recordarlo todos, es la “ley de leyes”- al demostrar que se trata sólo de papel pintado.
La ley de transparencia financiera, defendida por el oficialismo como un requisito de la comunidad internacional para excluirnos de la lista de los países tolerantes del lavado de dinero proveniente del tráfico de drogas, de la corrupción y del terrorismo, y sancionada luego de incorporar al proyecto una norma de protección a la protesta social, en manos de un demente como Sbatella, que no reconoce límite alguno a la hora de cumplir, “con obediencia debida”, todos los deseos de sus mandamases, servirá para perseguir a todos los periodistas independientes, cuando éstos describan la realidad económica y ésta no se adecúe al “relato” oficial. Si no es así, ¿por qué el jefe de la UIF dijo el miércoles que los medios de prensa que “aterrorizaran” a la población y se convirtieran en “potenciales instigadores” de corridas bancarias o cambiarias serían catalogados de terroristas?
Hace poco, una brillante cronista e investigadora, Romina Manguel, escribió un libro, “Yo te avisé”, en el cual describe, con precisión quirúrgica, las actitudes y las conductas previas de varios personajes de la historia nacional reciente que, luego, se transformaron en presidentes. Y se pregunta por qué los argentinos protestamos cuando, al ejercer la primera magistratura, simplemente hicieron lo mismo.
Cualquiera que haya seguido con algún detenimiento el proceder de don Néstor (q.e.p.d.) como Gobernador de Santa Cruz frente a la prensa local, tiene en sus manos las pruebas de los crímenes que, contra la libertad de ésta, cometerá doña Cristina utilizando la mentirosa ley de regulación de la producción y distribución del papel de diario, sancionada por este pseudo Congreso de la democracia el jueves.
Si no bastara con ello, también podría recurrir a la conducta de ambos Kirchner en lo que al manejo de la publicidad oficial se refiere; medios adictos, aún cuando su tirada sea absolutamente insignificante, reciben el masivo y cuantioso apoyo de la Casa Rosada, que se niega desconociendo así una sentencia de la Corte Suprema- a incluir esa publicidad en los órganos de prensa que disienten con el “relato”.
No resulta superfluo recordar aquí el texto del artículo 29 de la Constitución Nacional: “El Congreso no puede conceder al Ejecutivo nacional, ni las Legislaturas provinciales a los gobernadores de provincia, facultades extraordinarias, ni la suma del poder público, ni otorgarles sumisiones o supremacías por las que la vida, el honor o las fortunas de los argentinos queden a merced de gobiernos o persona alguna. Actos de esta naturaleza llevan consigo una nulidad insanable, y sujetarán a los que los formulen, consientan o firmen, a la responsabilidad y pena de los infames traidores a la patria”. Es un sayo complicado y cae sobre todos los legisladores que, a lo largo del oscuro período kirchnerista, han transformado estas prohibiciones y nulidades en una costumbre genuflexa y permisiva, pero lamentablemente dudo que alguna vez tengan que comparecer ante el tribunal de la Historia.
Con un Congreso en el cual las mayorías, más automáticas que nunca, ignoran por completo a las minorías, culpa de lo cual también recae en éstas mismas, la última trinchera de los derechos individuales y colectivos de los ciudadanos contra la arbitrariedad del Ejecutivo debiera ser, por imperio constitucional, el Poder Judicial.
Pero estamos hablando de un poder que, encabezado por esta corta Corte, presidida por don Lorenzetti que ha reconocido, públicamente, aplicar en sus fallos “¡políticas de Estado!” consensuadas con la Casa Rosada- y que tolera que sus sentencias sean olímpicamente ignoradas por doña Cristina como antes por don Néstor (q.e.p.d.)-, como en los casos del Procurador Sosa, las jubilaciones y el Riachuelo, no parece dispuesto a reaccionar en modo alguno.
Debemos entender, todos, que si de última trinchera se trata, ésta será absolutamente enclenque y débil, ya que se encuentra bajo el férreo control de los comisarios políticos de los Kirchner, sea en el Consejo de la Magistratura que, con la complicidad de don Fargosi, convalidó concursos fraudulentas y designaciones de jueces indignos-, sea en el Fuero Criminal Federal algunos de cuyos jueces, que ya estaban en la servilleta de Corach, además están en manos del poder político por su pasado prostibulario o por su presente, enriquecido sin explicación-, sea en la propia Corte que, sin hesitar y sin vergüenza, tolera que uno de sus integrantes haya sido descubierto como propietario de varios inmuebles en los que se ejercía la prostitución y no le ha requerido explicación pública alguna- y no estará dispuesta a “morir” en cumplimiento de su deber.
Se están cerrando, sobre la libertad de la Argentina, las mismas tenazas que aplicaron el papagayo caribeño en su Venezuela natal, Correa en Ecuador, Ortega en Nicaragua, los Castro en Cuba y hasta Putin y Medvédev en Rusia.
Lo verdaderamente trágico es que a los argentinos parece no importarles en absoluto esta amenaza, cada vez más concreta, al menos mientras pueden comprar autos, plasmas, vacaciones, fútbol y Tinelli. Masivamente votaron por una democracia degradada Guillermo O’Donnell la llamó “delegativa”- en la cual los derechos ciudadanos se reducen a emitir un voto cada dos años y, en los entreactos, entregar todo el poder a los electos.
Es cierto; esta misma nota servirá como argumento para decir que aún hay libertad en la Argentina pero, como dije, ya está en terapia intensiva. Falta preguntarse, parafraseando a Serrat, “quien firmará que ha muerto de muerte natural”.
<ega1@avogadro.com.ar>
www.avogadro.com.ar
La tensión en torno a Malvinas
Por Rosendo Fraga
La afirmación del primer ministro británico acusando a Argentina de colonialista parece más bien una frase dirigida hacia la opinión pública británica, y en particular hacia sus sectores más nacionalistas, antes que una afirmación con base histórica, política y jurídica. Las resoluciones de las Naciones Unidas, y especialmente de su Comité de Descolonización, son claras en cuanto a cuál de los dos países está asumiendo una actitud colonial en el conflicto.
En lo militar, aunque en los próximos meses el Reino Unido refuerce la guarnición de las islas, en mi opinión no hay riesgo de un nuevo conflicto bélico en torno a Malvinas. Argentina hoy no tiene ni la intención ni la capacidad de atacar las islas. Lo que puede tener lugar es algún tipo de incidente en torno a los buques que van a las islas, en el cual participen elementos militares, pero no hay posibilidad de un conflicto militar.
No puede descartarse que si el conflicto escala en los próximos meses, pueda generarse algún tipo de alteración en la relación diplomática entre los dos países. Así como pienso que está descartada la posibilidad de una guerra, no puede descartarse la posibilidad de una crisis diplomática.
La estrategia argentina es aislar a las islas impidiendo su abastecimiento y al mismo tiempo aislarlas diplomáticamente del continente para obligar a Londres a dialogar sobre la soberanía. Pero que los países del MERCOSUR no acepten recibir buques con bandera de las islas es una medida más simbólica que efectiva para impedir el abastecimiento, dado que seguirán llegando buques de bandera británica y de otras banderas, incluso los que pescan con patente otorgada por el gobierno de las islas. No es una medida suficientemente eficaz para que el Reino Unido acepte negociar la soberanía, que es el objetivo político de Argentina en este momento.
En cuanto a la Argentina, no permite el paso por su territorio marítimo de todos los buques que van hacia Malvinas, de la bandera que sean, posición distinta a la de los países del MERCOSUR que apoyan su reclamo. Por esta razón, en diciembre hubo una diferencia con Uruguay a raíz de un buque de bandera española que se dirigía a las islas desde Montevideo y entró en aguas de jurisdicción conjunta de Argentina y Uruguay. Para Argentina, la cuestión es si los buques de bandera británica se dirigen a Malvinas o no.
En lo que hace al enfoque de fondo de los dos países, los habitantes de las islas quieren sin lugar a dudas ser británicos. Por esta razón el Reino Unido quiere la autodeterminación. Pero las islas fueron ocupadas por los británicos en 1833, cuando Argentina ya era un país independiente y la población que estaba en las islas terminó siendo expulsada y sustituida por población de origen británico. Por esto la posición argentina es la del derecho territorial.
NuevaMayoria.com
Control de las importaciones: otra muestra del fracaso del modelo
El gobierno está dispuesto a sacrificar el nivel de vida de la población para sostener su poder hegemónico
Por Roberto Cachanosky
El gobierno ha decidió cerrar la economía aislándonos del mundo. No ve el mercado mundial como una oportunidad de incrementar el intercambio comercial, recibir más inversiones y crear nuevos puestos de trabajo sino que, de acuerdo al discurso esgrimido es para defender a los productores locales y el trabajo argentino. En rigor, como veremos enseguida, el discurso del gobierno es solo eso, un discurso más, porque el problema de fondo es que a la economía argentina le van a faltar dólares y las presiones cambiarias serán crecientes.
El problema de fondo es que, la horrorosa política monetaria implementada por el gobierno ha generado una caída del tipo de cambio real al punto que hoy el dólar está barato. Dicho de otra manera, si tuviésemos respeto por el derecho de propiedad y disciplina monetaria y fiscal, muy probablemente el dólar tendería a bajar porque atraería inversiones. El peso argentino sería fuerte por las virtudes de la política económica. La competitividad de la economía no la daría el tipo de cambio sino las reglas de juego. Como las reglas de juego impuestas por el gobierno son espantosas y solo generan fuga de capitales, entonces, la economía no tiene competitividad por la calidad institucional. Inicialmente, cuando el kirchnerismo llegó al gobierno tenía un tipo de cambio real alto.
Con la inflación que generó el gobierno y el tipo de cambio casi fijo, el tipo de cambio real cayó hasta niveles cercanos al 1 a 1. Puesto en otros términos, con tasas de interés altísimas y costos salariales medidos en dólares gigantescos, la economía argentina no tiene posibilidades de competir. ¿Cuáles son las opciones que tiene el gobierno frente a este problema de falta de competitividad? Una es cambiar totalmente las reglas de juego girando 180 grados en el rumbo, algo que está visto no va a hacer. Por lo tanto, al continuar y profundizar su política de incertidumbre y arbitrariedades, las opciones que tiene son: a) devaluar el peso o b) cerrar la economía.
El tipo de cambio van a tratar de no moverlo porque si tuvieron que recurrir a mecanismos tipo KGB para frenar transitoriamente la fuga de capitales, en cuanto aflojen un poco, la corrida cambiara se les transforma en corrida financiera. La solución, entonces, fue cerrar la economía para que el saldo de balance comercial no les sigua cayendo, y justo en un año en que la cosecha no será tan abundante por causa de la sequía. En definitiva, el gobierno necesita frenar la compra de dólares de todo tipo porque el Central está agonizando con su patrimonio neto y el resurgimiento de la corrida cambiaria está a la vuelta de la esquina.
Si se observa lo que vienen haciendo en materia de comercio exterior uno puede advertir que vienen de fracaso en fracaso, al igual que en el tema inflacionario. Primero pusieron las licencias no automáticas. Luego obligaron a los importadores a exportar un dólar por cada dólar que importan y ahora directamente hay que pedir una autorización para poder importar a un funcionario algo que, a todas luces, va a fracasar rotundamente.
¿Por qué va a fracasar? Porque Moreno ni ninguna supercomputadora puede definir cuánto hay que importar de cada producto, a qué precios y en qué calidades. Moreno cree que puede suplantar las decisiones de millones de consumidores que todos los días operan en el mercado de acuerdo a sus expectativas y sus valoraciones. No entienden, o no quieren entender, que la economía es la ciencia de la acción humana, lo que quiere decir es que las variables económicas se mueven de acuerdo a las valoraciones subjetivas de cada agente económico, valoraciones que, encima, cambian permanentemente.
¿Cuál es la función empresarial? Tratar de descubrir, mediante las señales de los precios, dónde hay una necesidad insatisfecha. Para ello arriesga su capital invirtiendo. Compra bienes de capital, contrata personal, compra insumos y pone un precio de venta. La hora de la verdad es cuando sale al mercado y el consumidor decide si compra o no compra un determinado producto. Como lo he dicho infinidad de veces, no son los costos los que determinan los precios, sino que son los precios que están dispuestos a pagar los consumidores por cada bien y servicio los que determinan los costos en que pueden incurrir las empresas.
Esta medida de dejar en Moreno la decisión de si un bien se importa o no se importa, implica creer que Moreno tiene información mágica sobre las necesidades de los consumidores, que es lo mismo que decir que Moreno puede leer anticipadamente la mente de cada consumidor y definir qué va a demandar en el futuro y, por lo tanto, qué insumos serán necesarios importar.
Como Moreno no es una mente superior, no podrá sustituir al mercado que es un proceso de descubrimiento. ¿Por qué fracasó la economía de la extinta Unión Soviética? Porque una multitud de burócratas pretendió sustituir el sistema de precios que es el que expresa las valoraciones de la gente. Cuando alguien decide si compra o no compra un producto es porque le otorga un determinado valor al dinero que tiene y otro valor al producto que quiere comprar.
Si le otorga más valor al bien que a los pesos que tiene, hace el intercambio. Caso contrario no hace el intercambio. Así se forman los precios en la economía, en base a valoraciones subjetivas y cambiantes de millones de personas y empresarios, guiados por los precios buscando dónde invertir. Al cerrar la economía y definir si una empresa puede o no puede importar un determinado producto, Moreno está suponiendo que tiene mejor información que la que tiene el empresario, que tampoco la tiene porque la realidad es que, como decía antes, el empresario arriesga su capital buscando satisfacer las necesidades de los consumidores. En su intento puede ganar o perder.
En términos de bienestar económico lo que va a suceder es que al cerrar la economía la oferta de bienes será menor, con lo cual los productos locales serán más caros, o de peor calidad o ambas cosas a la vez. Si no hay competencia, no hay razón por la cual esforzarse en ofrecer el mejor producto al precio más bajo. Esto significará que la gente, con su ingreso, podrá comprar menos bienes, lo que implica que disminuirá la calidad de vida de los consumidores. La medida de restringir las importaciones es altamente regresiva porque castiga con mayor intensidad a los consumidores de menores ingresos, quienes además de pagar el impuesto inflacionario tendrán que aceptar productos de menor calidad y a precios más altos. ¿Por qué a los de menores ingresos? Porque muchos bienes de consumo que se importan son consumidos por los sectores de menores ingresos.
En definitiva, por tratar de salvarse como sea, el gobierno está dispuesto a postergar a los consumidores y, cuando comiencen las protestas, lo más probable es que busquen algún chivo expiatorio a quien echarle la culpa.
A no engañarse con el discurso oficial. Esta no es una medida para defender los puestos de trabajo y la producción local, esta es una medida para postergar el fracaso del famoso modelo esperando que la suerte les siga financiando las inconsistencias del famoso modelo, que a esta altura de partido podría llamarse de exclusión social y degradación de la Argentina, porque lejos está el modelo de poder atraer inversiones que generen más puestos de trabajo y mejores salarios. Esa es la forma de defender el trabajo argentino, creando reglas de juego que mejoren la productividad de la economía vía mayores inversiones que se traduzcan en mayores salarios y demanda laboral.
Cristina Fernández ha decidió nombrar a una suerte de dictador de la economía que decide quién vive y quien muere, y esa decisión la tomará, no en beneficio del pueblo argentino sino de un gobierno que lo único que privilegia es el poder que puede acumular. Si la gente tiene que comprar más caro y de peor calidad, no importa. Lo que importa es que el gobierno estire la inconsistencia del modelo porque éste debe subordinarse a las necesidades de poder hegemónico.
Un simple ejemplo bastará para advertir como el gobierno subordina el bienestar de la gente a sus necesidades políticas. Hoy día hay fuertes restricciones a la compra de divisas. Pregunta: ¿por qué una persona que con el fruto de su trabajo no puede comprar dólares si así lo desea? Porque la calidad de la moneda argentina es muy baja. Se derrite por efecto de la inflación. Respuesta del gobierno: no los dejó comprar dólares con el fruto de su trabajo porque eso dejaría al descubierto la mala calidad de la moneda que imprime el Estado argentino. Como las importaciones se pagan con divisas, entonces el gobierno decidió que la gente se quede en pesos, limitar la compra de divisas para la compra de bienes importados y someter a la gente a un doble apriete: te obligó a quedarte con los pesos de mala calidad y, además, comprás bienes locales porque si compras productos importados vas a tener que comprar dólares y si comprás dólares me generás un problema cambiario que atenta contra mi proyecto hegemónico. Así que yo, El Supremo, voy a decidir qué podés y qué no podés hacer con el fruto de tu trabajo. Así de fácil.
Economiaparatodos
|